Estamos en un momento objetivamente ideal para hacer vivienda para venta o alquiler.
Hay una tremenda sobredemanda consecuencia de una falta total de planificación y oferta en los últimos 15 años. ¿por qué entonces el sector está parado, absolutamente parado en vivienda asequible? Pues porque se ha creado un entorno desincentivador, castigador y opuesto a la iniciativa de creación de viviendas nueva y a la permanencia de la cartera de viviendas protegidas en arrendamiento. Es decir, el daño es doble, no solo impide la construcción y reparación del millón y medio de viviendas no construidas desde el 2008, 18 años de ausencia de construcción de vivienda protegida, sino por el daño infligido a la cartera existente que se acabará retirando del mercado. Daño por todos los frentes.

Así podemos leer de grandes proyectos inmobiliarios en España, pero van dirigidos a naves industriales, a sectores turísticos, a alojamientos con servicios fuera del ámbito de la regulación de vivienda, pero son muy poco representativos los destinados a vivienda asequible. ¿Porqué? Porque las Administraciones, las políticas y los políticos, se han encargado de embarrar un terreno de juego con claro perjuicio para toda la sociedad. Si no hay construcción de vivienda privada asequible para arrendamiento con participación privada, no hay estrategia posible de viabilidad para la vivienda. Si castigamos, no escuchamos y perseguimos a la iniciativa privada para colaborar en la construcción de viviendas, de la magnitud inversión que necesitamos en este momento, no habrá más que palabras y promesas políticas, pero el mercado y la producción de viviendas asequibles seguirá viciado y el problema será cada vez mayor.
Cuando vemos que alguna comunidad autónoma se plantea alterar los planes de vivienda en alquiler y restringir (incumpliendo el plan de vivienda, la norma y la confianza) eso significa que ningún inversor se querrá sentar con una comunidad que no cumple para obligarse con ella 20, 30, 40 años o incluso con carácter indefinido.

Cuando vemos que la Administración rompe la confianza en los contratos, viola los pactos e incumple la normativa, hemos de estar de acuerdo todos que la única decisión sensata es escapar de dicha situación, bien no construyendo viviendas nuevas, bien vendiendo y abandonando la función de aportar vivienda en alquiler asequible, pues el único premio es el desprecio, la confrontación judicial y una pelea que no tiene sentido alguno para el inversor, en perjuicio final de los ciudadanos que no van a encontrar un mercado con oferta suficiente y liquidez o disponibilidad suficiente para cambiar de domicilio para asumir un contrato laboral, para independizarse, etc.
El regalo de los políticos con todas sus injerencias en los contratos firmados tiene como consecuencia directa (ya estudiada y demostrada desde hace muchos decenios en distintas partes del mundo) es que los ciudadanos no encontraran vivienda disponible, que se habrá beneficiado a los que ya tienen contrato sobre los que no lo tienen, y que en definitiva se perjudican sus posibilidades laborales y de encontrar vivienda.

El único fin de las políticas actuales es hacer ruido y sacar titulares que engañen a la ciudadanía durante un tiempo. Cerrar como se está cerrando la viabilidad e interés de sacar viviendas la mercado para arrendar o para venta de VPO, solo puede responder por un lado a ignorancia y falta de preparación que los ciudadanos sufrirán en sus carnes, o por otro al interés de algunos interesados en que este mercado acabe de romperse, dejando aún más dañados a los ciudadanos en no más de un par de años, y erigirse en los salvadores mediante titulares de que se hará vivienda pública para todos. El Estado, y tampoco las Comunidades Autónomas, tienen capacidad para ello. El manejo torticero de las políticas de vivienda está haciendo mucho daño a las políticas de vivienda más exitosas históricamente, como los planes cuatrienales de vivienda, y a la producción de vivienda en general. Tenemos un déficit de oferta tremendo que solo se solucionará produciendo más viviendas, y a ello es a lo que ha de animarnos la Administración, no a lo contrario.
Sin viviendas, no hay paraíso.


